1. Game of Thrones: Es por mucho la mejor Serie. Este ejercicio de paciencia rinde sus frutos para aquel televidente que no se siente atraído por este tipo de historias. Ver por primera vez la serie puede resultar un dolor de cabeza por la superpoblación de personajes. Un segundo vistazo ofrecerá un mejor entendimiento del complicado entorno de este universo. La tercera vez... es ahí en la que llega la magia televisiva de Game of Thrones y cómo cada escena, cuidadosamente preparada y ejecutada, despierta nuestra imaginación. La paciencia hace la excelencia.
En la tercera temporada de la serie, Peter Dinklage sigue liderando a un fructífero elenco encargado de llevar al drama a otro nivel. Dinklage encarna a Tyrion Lannister, un enano despreciado por su propia familia, que da clases de actuación con cada expresión verbal y no verbal.
Las escenas en las que participa este actor se convierten en algo especial, no solo gracias a su interpretación, sino a un parlamento cuidadosamente escrito, en el que el sarcasmo y la ironía se fusionan a favor de un personaje de poca estatura pero de gran envergadura.
2. Walking Dead: La serie ocupará el lugar dejado por Breaking Bad que dijo adiós a fines de septiembre tras cinco años de emisión con un capítulo que batió sus récords de audiencia, 10,3 millones de espectadores.
La cifra, sin embargo, no superó el El creador de las novelas gráficas en las que se basa la serie, Robert Kirkman, alertó no obstante de que en los 16 capítulos que componen la nueva temporada “las cosas solo pueden ir a peor” y las situaciones que se van a desencadenar pondrán al límite a los personajes. En la feria Comic-Con de San Diego se anticipó que lo que está por venir será más terrorífico y con más secuencias de acción.
mejor registro logrado por The Walking Dead que el año pasado se encumbró como la más vista de la historia de la televisión de cable en EE.UU. (el capítulo final de la tercera temporada reunió a 12,4 millones de televidentes).
3. Breaking Bad: La calidad suprema de Breaking bad, otro punto a favor es el uso del metraje. Vince Gilligan y sus guionistas se las ingeniaron para lograr una complicada hazaña, esto es, que cada escena de la serie añada más y más al resultado final. No hay rastro de relleno ni momentos de transición, sino la sabiduría de aquellos que tienen un plan y saben ejecutarlo magistralmente. De ahí que, también, la serie sea capaz de interrumpir la narración con flashbacks oflashforwards y que nunca parezcan caprichosos. Los directores mantenían la pauta que el propio Gilligan estableció en el piloto, Cuando una serie cuenta con directores invitados especiales, esas figuras de más o menos prestigio en cine que dirigen televisión por una variedad de razones (dinero, la suerte del fan, experiencia en un nuevo medio), suele brillar más el nombre en sí que la labor que realizan. Esto no es malo, ya que la labor de un director invitado es amoldarse a las necesidades de la serie de turno y rodar con competencia el libreto (por algo se dice que en la televisión el guionista es el rey).



























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